Si el gran valor del atún rojo, el más popular, el que más se aprecia, degusta y disfruta, es su exquisita carne; debes saber que, tan importante o más, es el extraordinario universo que se ha construido en torno a él y del que es parte central su modo de captura.
Te hablamos de la almadraba, un arte de pesca milenaria, con raíces fenicias.
Tanto es así que, como seguro que ya sabes, no es lo mismo sentarse a la mesa y dar buena cuenta de una pieza de atún rojo que, como decimos aquí, ‘meterle mano’ a un buen atún rojo de ALMADRABA. Y es que ella es el gran icono del atún rojo de nuestra costa; su gran apellido.
Aunque habrás escuchado que sus orígenes son fenicios, la palabra almadraba es de procedencia árabe, árabe andalusí (al-maḍraba), y significa “lugar donde se golpea” o “lugar de lucha”.
“Almadraba llaman en España a aquella parte de costa del mar donde se pescan los atunes. Consta de mudarriba, que significa ʻguerraʼ, ʻriñaʼ y ʻpendenciaʼ. Y cierto, aquella armazón o pesquería es como una guerrilla que se hace a aquellos peces que viniendo del mar océano, buscando las corrientes del Estrecho de Gibraltar para allí desovar” (Padre Guadix).
Además de su extraordinario, singular y apasionante modo de calado (del que hablaremos ahora), el gran valor de la almadraba frente a otras artes de pesca es su compromiso sabio y milenario con la sostenibilidad de la especie.
Y es que las grandes dimensiones de los cuadros de sus redes, esas que la arman, hacen que en el copo tan solo queden retenidos para la posterior levantá los ejemplares adultos. Individuos con más de cien kilos.
Así, sin temor a equivocarnos, podemos decir que las almadrabas, en especial las gaditanas, son las mayores garantes de la continuidad de la especie frente a artes como el arrastre, practicada por los grandes atuneros.
Modo de pesca, el arrastre, que a principios de siglo puso en jaque la supervivencia de los atunes rojos, obligando a un Plan de recuperación por parte de la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (ICCAT).
Hay quienes dicen de la almadraba que es el más mágico de los laberintos y no les falta razón. Impasible al paso de los siglos, está compuesta por diferentes compartimentos, todos imprescindibles, para que, finalmente, los atunes rojos acaben en el copo.
Largas paredes de red que, a modo de ombligo umbilical, van desde la costa o mar adentro. Su función es interceptar el paso de los atunes y guiarlos hacia el interior de la almadraba.
Reconduce los atunes rojos al cuadro de la almadraba. Legítima y contralegítima: Cortan el paso de los atunes rojos que han rebasado la almadraba para reconducirlos a la misma.
Entrada de los atunes a ese entramado de redes, anclas y boyas llamado almadraba. Cámara: Departamento en el que entran los túnidos desde la boca.
Departamento de espera, en el que se agrupan los ejemplares. Bordonal: Regula el paso de atunes en dirección al copo.
Compartimento con red horizontal que, desde el fondo, se levanta para hacer los atunes rojos a la superficie y poder capturarlos.
Debes saber que esa exquisita parpatana al horno que te has comido no hace mucho o ese morrillo que dejó totalmente descolocado tu paladar en una de nuestras rutas gastronómicas han realizado un largo viaje antes de llegar a tu mesa. Viaje en el que el atún rojo de almadraba ha adquirido gran parte de su valor y del que forman parte fundamental las distintas faenas en tierra y mar.
Es la primera de las faenas, la que, con los atunes rojos aún lejos de nuestras costas, se antoja fundamental para el correcto funcionamiento de esta milenaria arte de pesca.
Concretamente, consiste en la limpieza, arreglo y preparación de cada uno de los elementos que, ya en la mar, servirán para armar la almadraba.
La tarea es compleja y prolongada en el tiempo (arranca en febrero), ya que se trata de preparar cientos de boyas, arreglar muchos metros cuadrados de redes, limpiar en torno a trescientas anclas de un peso medio de 400 kilos y engrasar hasta tres kilómetros de cables que fijarán el arte al fondo.
Preparadas redes, anclas, boyas y cableado, se inicia esta segunda fase, consistente en ‘ensamblar’ cada uno de los elementos que dan vida a la almadraba en el mismo lugar y de la misma forma que se viene realizando desde hace siglos.
A las órdenes del capitán de almadraba, los almadraberos deberán embarcar y transportar cada pieza de este complejo ‘engranaje’ a sus ubicaciones históricas, esas que siglos atrás marcaron las orcas.
Se trata de una faena que se alarga varias semanas (el estado de la mar manda), de la que participan marineros y submarinistas y que se culmina a principios de abril. Ya solo queda esperar a los atunes rojos e iniciar las capturas conforme a la cuota asignada.
Quizás, es la menos conocida de las faenas. Tiene lugar cuando ya se han apagado los grandes ‘focos’ en torno al atún rojo.
No obstante, es igual de importante que las anteriores, ya que se trata de desarmar la almadraba.
Esta faena se inicia una vez ha terminado periodo de capturas y, al igual que el calamento, se prolonga durante semanas.
Con ella, se inicia el letargo de esta milenaria arte de pesca.
Si en algo, muy poco, ha cambiado la captura del atún rojo en las almadrabas gaditanas a lo largo de los siglos, es en el número y control de piezas capturadas. Lejos quedan ya las levantás de casi doscientos ejemplares y las temporadas, como sucedió en 1943 en la almadraba de Sancti Petri o ‘Punta de la Isla’, de casi 30.000 ejemplares.
Ahora, las capturas están controladas para que no ocurra lo que sucedió a principios de siglo, cuando los grandes atuneros y sus artes no selectivas pusieron la especie en peligro de extinción.
Este año, con la especie ya recuperada y gestionada, las almadrabas de Conil, Barbate, Zahara y Tarifa han contado con una asignación de 1.821,85 toneladas, aumentando hasta 2028 en 179,40 cada campaña.
No obstante, las almadrabas gaditanas se consideran las grandes damnificadas de las ‘malas artes’ que pusieron a la especie en peligro de extinción.
Desde hace unos años, ya no tiene lugar la espectacular, histórica y extenuante lucha que almadraberos y atunes rojos protagonizaban en los copos. Levantás que se prolongaban durante horas y que deparaba imágenes impactantes por el movimiento incesante de los grandes gigantes de plata.
Batalla estresante que, como se observó, iba en contra de la propia calidad del producto, con importantes pérdidas de grasa y ejemplares dañados.
Hoy en día, la captura tiene lugar en un entorno (copo) más desahogado y menos estresante, en el que la muerte de los atunes no se produce por asfixia, sino por el disparo certero de los buceadores mediante la lupara (especie de arpón).
Además, las levantás son más selectivas y con menor número de ejemplares.
Licenciado en periodismo. Larga experiencia en medios informativos de la provincia de Cádiz. Especializado en temas relacionados con el atún rojo de almadraba
Forma parte de la Asociación de la Prensa de Cádiz y del Colegio de Periodistas de Andalucía. Ha trabajado en radio y en los principales medios impresos de Cádiz y Sevilla.