ALMADRABERAS
No te vamos a mentir, somos lo que podíamos llamar unos auténticos locos del atún rojo, de su arte, la almadraba, y, más aún, de la historia y cultura a la que durante milenios han dado vida los gigantes de plata. Porque, como verás, el atún rojo y todo lo que gira en torno a él va mucho más allá de su exquisita carne. De ello hablan los hechos históricos y lo que podríamos llamar sus huellas, esos edificios que aún hoy, pese a su latente deterioro, aún atesoran el alma almadrabera. Nuestra pretensión no es otra que hacerte entender que cuando degustas un plato de atún rojo de almadraba, sea cual sea, más allá de un exquisito producto, estás comiéndote toda una cultura; una forma milenaria de vivir e interpretar el territorio.
Enclave mágico e histórico, Baelo Claudia refleja mejor que nadie la trascendencia que el atún rojo ha tenido para todas esas civilizaciones que se asentaron en nuestra costa
De origen romano, atesora importantes vestigios de la industria de salazón. Fábricas excavadas en este enclave privilegiado que han sido fechadas entre los siglos I-V d.C. Fábricas a las que se les denominaba ‘cetaria’ y que, según los numerosos estudios arqueológicos de los que ha sido objeto Baelo Claudia, podrían rondar la decena.
Estas estaban provistas de piletas o saladeros, espacios en los que se procedía a macerar el pescado en sal y en los que se elaboraban las apreciadas salsas de pescado. Dichas cubetas se agrupaban en una o varias paredes de la fábrica, rodeando un patio que estaba al aire libre, cuyas funciones eran las tareas de despiece, limpieza y almacenaje.
En algunos casos, estas fábricas contaban con pozos o pequeños aljibes, como es el caso del conjunto industrial IV, o bien con estancias anexas, como en el conjunto Industrial VI, dedicadas a labores administrativas o de almacenaje. Y es que la captura del atún en almadraba y su posterior conservación constituyó una industria floreciente y fue la causa fundamental del nacimiento y prosperidad de la misma Baelo Claudia.
Si hubiese que hablar del verdadero templo del atún rojo, de ese lugar en el que, de existir, habría estado depositado el Santo Grial de los gigantes de plata, sin ningún género de dudas, sería la Cueva de las Orcas.
Testigo privilegiado de la intensa relación de la especie con quienes desde la noche de los tiempos habitaron estas tierras, esta pequeña oquedad (localizada en la Sierra de Cabo de Plata, Tarifa) ‘relata’ en sus paredes el prólogo de esta apasionante aventura.
Páginas que están representadas por pinturas rupestres, en las que se narra con detalle la forma en la que el hombre comenzó a capturar los grandes atunes rojos. Batalla que, como se refleja en dichas pinturas y en esa apertura artificial que preside la entrada a la cueva (réplica de una aleta de orca), estaba íntimamente ligada a la llegada de las orcas a aguas del litoral gaditano.
La apertura que preside la entrada a la Cueva de las Orcas marcaba, según Mario Morcillo, estudioso y apasionado de la cultura del atún rojo, el punto exacto en el que se producían las capturas.
Icono destacado del pasado almadrabero de uno de los pueblos más atuneros que existen (Zahara de los Atunes) es la Fortaleza y Casa Chanca-Palacio de Las Pilas.
Mandada a construir por el primer Duque de Medina Sidonia en el siglo XIV para proteger las valiosas almadrabas de los ataques piratas, fue el centro neurálgico de la intensa actividad almadrabera de este pueblo de origen fenicio a lo largo de diferentes periodos, muy en especial durante la época dorada del Consorcio Nacional Almadrabero.
En su interior había instalaciones para el procesamiento del atún, pozos de salazón, dependencias de almacenamiento y alojamientos para quienes trabajaban en las campañas del atún. Asimismo, constaba de oficinas administrativas desde la que se gestionaba el lucrativo comercio del atún.
A esa época, el siglo XIV, se remonta también la Chanca de Barbate, a orillas del río del mismo nombre, donde durante muchos años permaneció fondeada en invierno la flota almadrabera, y en la que, aún hoy día, se guardan las redes, boyas y cables de la almadraba de Zahara de los Atunes.
Sin lugar a dudas, es una de las edificaciones de pasado almadrabero mejor conservadas del litoral gaditano, hecho que se debe a la rehabilitación que se llevó acabo medio siglo después de su construcción, a mediados del XVI.
Su historia está íntimamente ligada a la de Conil, cuya almadraba fue durante la baja Edad Media (siglos XIV y XV) y el Antiguo Régimen (siglos XVI al XVIII), junto con la de Zahara de los Atunes, una de las grandes almadrabas históricas, propiedad de la Casa Ducal de Medina Sidonia.
Hoy en día, en sus 7.500 metros cuadrados e imponentes muros, se encierra gran parte de nuestro pasado almadrabero, con el Museo Almadraba.
Gran escenario del periodo más glorioso del Consorcio Nacional Almadrabero, en el poblado de Sancti Petri aún se respira el espíritu del que, sin lugar a dudas, un día fue el gran núcleo poblacional del litoral gaditano por y para el atún rojo.
Barracones, fábrica de conservas, iglesia, almacenes, talleres, colegio… daban vida a un enclave que vivía todo el año en clave de atún rojo y al que, fruto de su rica actividad, llegó antes que a Chiclana el servicio de electricidad.
En sus instalaciones, apoyada por una de las almadrabas más potentes de entonces y ya desaparecida (Punta de la Isla), se procesaban toneladas y toneladas de atún rojo y, además, se elaboraban conservas, salazones, etc.
En 1972, el Consorcio Nacional Almadrabero decía definitivamente adiós castigado por las deudas y por un descenso considerable en el número de capturas. Desde entonces, el poblado fue desapareciendo y, a día de hoy, solo queda en pie su iglesia y algunos barracones.
Seguro que te suenan. Torre del Tajo, Meca, Castilnovo, Torrenueva, Trafalgar, La Peña, etc. Son las torres almenara que, en primera línea de nuestro litoral, se construyeron en el siglo XVI para defender a la costa de posibles ataques de los piratas berberiscos. La comunicación entre ellas se hacía mediante fuego y señales de humo.
Pese a su carácter eminentemente defensivo, también de las almadrabas, estas torres, que se extendían a lo largo de la costa andaluza, también fueron utilizadas para el avistamiento de los atunes rojos.
Licenciado en periodismo. Larga experiencia en medios informativos de la provincia de Cádiz. Especializado en temas relacionados con el atún rojo de almadraba
Forma parte de la Asociación de la Prensa de Cádiz y del Colegio de Periodistas de Andalucía. Ha trabajado en radio y en los principales medios impresos de Cádiz y Sevilla.