Decía José Luis Borges que “el mar es un antiguo lenguaje que ya no alcanzo a descifrar”. Tarea en la que, quizás de forma inconsciente, ha avanzado Fátima Domínguez en los últimos años de su largo idilio con el mar.
Y es que esta apasionada de la navegación, además de licenciada en Bellas Artes y restauradora, ha logrado descifrar una parte del lenguaje del mar a través de su otra gran pasión, el arte. Algo para lo que ha contado con la complicidad, “totalmente inesperada”, de uno los mayores actores de sus profundidades, las algas.
A través de los pigmentos obtenidos de las algas, Fátima Domínguez ha dado vida a un universo artístico que emerge del mar y expande aún más los horizontes de la llamada Economía Azul.
Aventura artística que lleva por nombre Pigmenta Algae y que, como otras muchas en clave Azul, ha encontrado el respaldo de Incubazul, en la Zona Franca de Cádiz.
“No voy a mentir. Yo era de las que miraba las algas con cierto rechazo. Mirada que, por fortuna, cambió hace unos años, cuando tuve la suerte de conocer a una científica marina en el transcurso del proyecto ‘Reto Pelayo Vida’. Aventura que, protagonizada por cinco mujeres que habían tenido cáncer, nos llevó a dar la vuelta a España en barco (Barcelona-Bilbao).
Gracias a ella, que comenzó a mandarme algas y a hablarme de las singularidades de cada una de ellas, fui introduciéndome en este mundo y, lo más importante y determinante para lo que estaba por llegar, me hizo ver que el mar nos ofrece cosas valiosas que, en no pocas ocasiones, despreciamos”.
“El siguiente paso fue pensar como lo que soy, una restauradora.
A nosotros nos enseñan en Bellas Artes las distintas técnicas artísticas para poder reproducirlas en cada ocasión; no es lo mismo restaurar un cuadro del siglo XVI que uno del XVIII.
Además, nos muestran que en cada momento y escenario histórico se han utilizado distintos elementos para pintar.
Así, si los primitivos utilizaron las tierras de sus alrededores, en el barroco se aprovecharon los recursos existentes en esa época. Es más, en la pintura flamenca, incluso, se dio valores diferentes a cada pigmento.
Así que me pregunté si podría obtener pigmentos de las algas para pintar”.
“Fijado el objetivo, me puse manos a la obra y comencé a intentar obtener esos pigmentos. Al principio, durante un buen tiempo, fue un fracaso tras otro".
"Fue un poco de locos. El alga se quedaba en nada y, además, como un organismo vivo que es (algo que tuve que entender), se transformaba".
"Afortunadamente, fruto de mi insistencia y cierta dosis de locura, un día logre que funcionara. A partir de ese momento, fui experimentando con algas del Atlántico, Mediterráneo y Cantábrico en busca de texturas y, sobre todo, tonalidades”.
Al principio, durante un buen tiempo, fue un fracaso tras otro
“Una vez que recibo el alga, que me puede llegar directamente de la playa o congelada (Suralgas me ha proporcionado algunas), lo primero que hago es lavarla mucho para reducir al máximo la presencia de sal. En un cuadro no puede haber nada de sal, estropearía la pintura.
Seguidamente, paso a transformarla. Para ello, la machaco de forma insistente, hasta obtener un polvo.
Es un trabajo artesanal, de auténtico alquimista; de hecho, para lograr mi objetivo fue de gran valor los consejos que recibí de los alquimistas de Aponiente, grandes conocedores de las algas.
Es un proceso lento y bonito, ilusionante y depresivo, como la propia vida del artista”.
“Otra de las cosas que aprendí nada más pintar sobre el lienzo fue que estaba ante un pigmento vivo, que evolucionaba en tonalidades y que perdía algo de color.
Asimismo, comprobé que, dependiendo de la época del año, la misma alga aportaba un color distinto; lo que me llevó a entender que no iba a contar con la misma paleta de colores siempre.
Por otra parte, la pincelada es más compleja, no tiene nada que ver con un acrílico u otras técnicas. Su textura es irregular, es una pincelada trabajada, como no hace mucho, para mi satisfacción, me dijo un decano y profesor mío de la Facultad de Bellas Artes. Hay que ensayar mucho la pincelada”.
“No podría ser de otra forma teniendo en cuenta que siempre he vivido junto al mar y que he navegado y sigo navegando mucho. El mar ha sido y es una constante en mi vida y, como tal, un elemento inspirador.
No es un mar de una ola perfecta, es un mar de poniente, levante, invierno… Pinto un mar vivo, reconocible a la vista de todo navegante”.
“Mi obra está pensada para, desde el arte, sumar a la decoración de espacios. Reconozco que es algo que nos está costando transmitir (Fátima impulsa Pigmenta Algae con sus dos hermanos).
Digamos que resulta exótico y, a su vez, genera algo de miedo. Sobre todo en los hoteles, que tienen sus decoradores y una línea muy definida.
Por desgracia, algunos decoradores no aprecian el arte, aprecian simplemente lo decorativo. De hecho, ahora mismo estamos en ese conflicto de enseñar arte de verdad en decoración. Nuestro objetivo es que el decorador aprecie ese arte”.
Las pinturas con algas tienen un olor característico y, debido a la evolución y viveza del pigmento, precisan de cierto mantenimiento.
Fátima Domínguez ya ha mostrado sus creaciones en espacios tan afamados y afines a su filosofía como el restaurante Aponiente. Ahora se puede contemplar en el Club de Golf Novo Sancti Petri.
Pigmenta Algae proyecta decoraciones a medida, utilizando diversidad de técnicas artísticas.
Además de algas, en algunas de sus obras también ha utilizado la tinta de calamar.
Licenciado en periodismo. Larga experiencia en medios informativos de la provincia de Cádiz. Especializado en temas relacionados con el atún rojo de almadraba