Y es que aquí, en aguas de Sancti Petri, vio la luz una de las almadrabas más antiguas de la costa de Cádiz, esa que, junto a la de Hércules (Cádiz), recibió en 1.474 permiso de Rodrigo Ponce de León para ser calada.
Desde entonces, este lugar de lucha (significado de almadraba, palabra de origen árabe andalusí) fue protagonista de las épocas más brillantes el sector, pero también de sus capítulos más oscuros.
En torno a ella, al único poblado con ADN almadrabero que ha existido, el Consorcio Nacional Almadrabero creó su monopolio, dando vida a una potente industria conservera; de la que aún quedan pequeñas huellas.
“Yo llegué a Sancti Petri en el año 57. Llegué a Andalucía un año antes, que estuve en la Atunara. Aquí conocí a mi mujer, nos casamos y tuve a las niñas”
comentaba, en el libro ‘El pan y los peces’, de Miguel Ángel García Argüez, Marcelino, santanderino que formó parte de este universo.
Aparte que, después de numerosos intentos empresariales y la apuesta inquebrantable del Ayuntamiento de Chiclana, de sus gobiernos, está a punto de hacerse realidad, gracias a la licencia obtenida en 2003 por Pesquerías de Chiclana SL y a la recuperación del atún rojo.
Punto y final que, por sentimiento, arraigo o pura economía, muchos chiclaneros han tratado durante décadas de convertir en punto y aparte.
Circunstancia, esta última, que, después de años de espera, acaba de concretarse con la aprobación del Iccat del incremento de capturas para Europa y la intención firme de la Secretaría General de Pesca de volver a alimentar a la almadraba de Sancti Petri con toneladas de ‘gigantes de plata’.
De este modo, la costa de Cádiz podría revivir el resurgimiento de su quinta almadraba (Zahara de los Atunes, Barbate, Conil de la Frontera y Tarifa) en 2027.
La noticia del incremento de la cuota de captura por parte de la Iccat y , con ella, la posibilidad real de recuperar la almadraba de Sancti Petri ha supuesto una enorme alegría para los chiclaneros y, como máximo representantes de ellos, para su alcalde, José María Román. “Han sido muchos los esfuerzos realizados y las reuniones celebradas para lograr el objetivo, pero estamos a las puertas de que se haga realidad un sueño que, sobre todo, va a suponer recuperar parte de nuestra memoria histórica”.
“El regreso a estas aguas de la almadraba va a suponer la creación de unos 70 puestos de trabajo directos, pero, a su vez, va a proporcionar actividad en las empresas auxiliares”. “Además”, señala Álvaro Ramírez, administrador de Pesquerías de Chiclana SL, “va a generar un gran número de actividades de producto y gastronómicas ligadas al atún rojo de almadraba”. “Es una noticia muy feliz para el sector y, de forma muy especial, para Chiclana, su riqueza, empleo y, por supuesto, historia”.
Dentro de los registros de capturas que marcaron la vida de la antigua almadraba de Sancti Petri, hay un año en el que se alcanzaron niveles históricos e irrepetibles.
Ese año fue 1943, cuando el arte chiclanero llegó a capturar nada menos que casi 30.000 ejemplares; concretamente 28.859. El otro gran año fue 1938, con 26.471 ejemplares. Cifras de récord de unas estadísticas de capturas que, fruto de la pesca sin control, tocó suelo en 1971, con 1.056 ejemplares.