Sin lugar a dudas, una seña de identidad de nuestra provincia.
‘Lagos’ de fondos fangosos, escasa profundidad, compuertas embestidas por mil y una mareas y extensiones variables, los esteros fueron ‘armados’ por fenicios y romanos en torno a nuestras salinas, dando vida a un mágico y rico laberinto natural en el que confluyen paisaje, tradición, producto y biodiversidad.
Esta vez, en CádizTres60 viajamos hasta Chiclana para vivir uno de esos despesques en Salina Santa Teresa.
De este modo, el estero nos proporciona carnes que se antojan más grasas, jugosas y sabrosas, Carnes de texturas mantecosas, muy agradables al paladar y con una gran variedad de cocinados.
A lo largo de los siglos, en torno a nuestros esteros, sus sabores y texturas, se ha generado una amplia y rica gastronomía. Elaboraciones, muchas, que, al igual que las almadraberas, han sido ‘paridas’ por quienes trabajaban en un entorno salinero que siglos atrás daba de comer a muchas familias de la Bahía de Cádiz. Y es que, aunque te cueste creerlo, la sal fue una de nuestras grandes industrias.
“Es tan fácil como asar el pescado sobre los rescoldos que quedan tras haber quemado montículos de una planta que crece en torno a los esteros, la sepina. Eso sí, con sal de nuestras salinas”.
Basta ver la grasa amarilla que va soltando el pescado (lubinas, lisas..), oír el chisporreteo de la sal de la Bahía de Cádiz sobre el pescado y oler la mágica mezcla de pescado y la sepina para saber que esto es otra cosa.
LOS ESTEROS SON LUGAR DE REFUGIO PERMANENTE Y ESTACIONAL DE NUMEROSAS ESPECIES SU RIQUEZA EN ALIMENTOS LOS CONVIERTEN EN ZONAS DE ANIDACIONES Y PASO