Esta es una de las muchas definiciones que hay en torno a ella, la artesanía, ese hilo conductor que, pese al paso (muchas veces agresivo) de los siglos, aún conecta a nuestros pueblos con su pasado. Y de eso, de ‘tejer’ el pasado, saben mucho las manos de Juani Marchán, maestra de la palma y el mimbre que, en un ejercicio de pasión y resistencia, sigue dando vida a auténticas obras de arte en una de las más hermosas atalayas de la provincia de Cádiz, Vejer de la Frontera.
Su pasión, ya oficio, la llevó a abrir las puertas de su taller (entonces con otra compañera), desde el que, hasta nuestros días, ha ido creciendo y resistiendo, hasta el punto de ser reconocida por los suyos, los vejeriegos, “que es lo que más feliz me hizo”.
“Yo no tenía vinculación alguna con este mundo, pero me apunté a un curso de cestería y, como se suele decir, ahí surgió la chispa”. “Tanto es así que seguí aprendiendo en casa del profesor una técnica que me permitía trabajar y crear con mis manos, algo que siempre me ha gustado”.
Aquí, en su casco histórico, en la calle Trafalgar, Juani estableció su ‘califato de la palma’ en el siglo pasado. Un espacio pequeño, que irradia el encanto de lo extraordinario. Son ya casi cuatro décadas de una historia de amor que, como las que permanecen en el tiempo, surgió “por casualidad”.
Artesana de cabeza y “corazón”, en su pequeño taller ha dado rienda suelta a su creatividad y maestría para crear un universo de extraordinarias obras. Canastos de mimbre, bolsos, escobas, sombreros, cestos, sonajeros, bandejas … que, muchos colgados en la fachada de su taller, hipnotizan a miles de visitantes. Piezas que, además de elementos de decoración (en el pasado fueron ‘herramientas’ vitales para el día a día), se antojan esforzados intentos por transmitir y mantener vivas nuestras raíces. “Mi vida no se puede explicar sin la artesanía y, si volviera a nacer, volvería a ser artesana”.
Mucho ha cambiado la clientela y el uso de sus obras a lo largo de estos años. “Al principio, cuando todo era más sencillo y había menos plástico, mis piezas tenían su utilidad en las casas; ahora, en cambio, quienes las compran las utilizan más como elementos decorativos”. Asimismo, el perfil de la clientela “ha ido cambiando”, pasando de ser mayoritariamente del pueblo y poblaciones cercanas a despertar el interés de otras personas del resto de España y el extranjero; muchos con viviendas en el propio Vejer de la Frontera. Entre sus clientes ilustres figuran el ya desaparecido Jesús Quintero, más conocido como ‘El loco de la colina’ o los modistos Victorio y Lucchino.
El taller de Juani Marchán ha sido y es mucho más que eso. Como todo espacio artístico, porque la artesanía es arte, a lo largo de su vida ha sido lugar de encuentro y ‘refugio’ de vecinos, amigos y actores y dramaturgos de la talla de Paco Algora, ‘vejeriego de adopción’ tras residir más de dos décadas en la localidad. Amigo de Juani Marchán hasta su muerte, en 2016, Paco Algora compartió charlas y reflexiones con la artesana vejeriega y allegados al mundo de la artesanía y el arte.
Gran parte del valor de las piezas que crea Juani Marchán reside en la materia prima que utiliza. Médulas de junco, mimbres de sauce, palmas sacadas de la tierra, robadas al pantano y al cauce del río son la base de un proceso de creación que comienza con la paciente preparación de estos, con su secado y posterior separación de las fibras para elaborar la pleita, que es la base de todo.