GASTRONOMÍA | Medina Sidonia

Los Bocados celestiales de Medina Sidonia

En busca de ese 360 de experiencias y emociones de nuestra provincia, ‘derribamos’  los muros de los conventos gaditanos, esos que atesoran muchas de las recetas que forman parte de la historia de la repostería, la nuestra. 

Templos, en gran medida, ajenos a modas e innovaciones,  que se han convertido en refugio  de esas​ elaboraciones tradicionales que ponen en valor la rica materia prima del territorio y, sobre todo, los procesos artesanales; muy en especial de aquellos relacionados con la repostería. 

Medina Sidonia, localidad de notable presencia conventual, es uno de los rincones de la provincia de Cádiz en cuyos templos se ejerce mayor devoción y entrega a esos dulces que son una de las grandes señas de identidad de su repostería. Bocados que gozan de la mayor admiración de quienes, cada día más, encuentran en la repostería y sus delicados productos uno de los mayores placeres. Bocados celestiales que aquí, en la milenaria Medina Sidonia, tienen nombres y apellidos propios, los conventos de ‘San Cristóbal y Santa Rita’ y ‘Jesús, María y José’. 

 Lugares de devoción y peregrinación permanente para los amantes de los dulces de excelencia, han hecho de la repostería una de sus entregadas y abnegadas tareas y, además, recurso para el necesario mantenimiento de sus templos. 

Templo del alfajor

Perteneciente a la congregación de las Agustinas Recoletas, el convento de ‘Jesús, María y José’ se encuentra en la parte alta del pueblo, en la Plaza de las Descalzas. Fundado por la Madre Antonia de Jesús y donado y enriquecido en su totalidad por el capitán de barco Diego de Iparraguirre, miembro de la Orden Militar de Santiago y rico comerciante de Indias afincado en Cádiz (su construcción se remonta a 1688); sus monjas han hecho del tradicional alfajor una de sus elaboraciones más exquisitas. 

Para ello han cultivado la fórmula más tradicional de este manjar, con el empleo de ingredientes naturales como la miel, almendras, avellanas, harina, pan rallado, matalahúva, ajonjolí y canela. 

Dulce que, junto a los tradicionales amarguillos y tortas pardas, fue el inicio de una propuesta de bocados dulces que no ha dejado de crecer año tras año y que, a día de hoy, también oferta huesos de santo, yemas de huevo, tortas de coco y chocolate, cordiales, tortas de almendras, cortadillos, polvorón glaseado, polvorón de ajonjolín, rosco de vino, pastas de coco, pastas de naranja, hojaldre con cabello de ángel, pastitas de chocolate, pastitas del limón, magdalenas y pestiños.
  
Es en la época prenavideña cuando las hermanas Agustinas Recoletas intensifican su producción para poder responder a una demanda que no ha dejado de crecer gracias a la fama que han ido atesorando sus exquisitos dulces.  

Productos que se pueden adquirir en el propio convento, a través del torno que se localiza en la entrada lateral del convento. 

Las ‘monjas de abajo’

En el centro del casco histórico de Medina Sidonia encontramos ese otro templo, el convento de ‘San Cristóbal y Santa Rita’, en el que las monjas, en esta ocasión de la congregación de las Agustinas Ermitañas, rinden culto a la mejor repostería asidonense. 

Tal y como comenta la hermana que atiende al público, “en un primer momento, nuestra elaboración se centró en los dulces más típicos  de la repostería de Medina Sidonia, es decir en los alfajores, amarguillos y las exquisitas tortas pardas”. 

“No obstante, con el tiempo”, añade, “fuimos enriqueciendo nuestra propuesta con las yemas nevadas, yemas de chocolate, yemas amarillas, yemitas de coco, tortitas de masa real, tortitas de almendra, tortitas de chocolate, rosquitos de vino, piñones, polvorones, pasteritas Santa Rita y el tradicional Pan de Cádiz”. “Nuestros dulces”, señala, “se caracterizan porque son realizados a mano, con el uso de una buena materia prima y los rezos que acompañan su elaboración”. 

Las ‘monjas de abajo’, como popularmente se las conoce en Medina Sidonia, venden sus productos en la calle Hércules, número uno; puerta lateral de un convento al que las Agustinas Ermitañas se trasladaron en 1646 (la obra del convento concluyó en 1651). 

En su obrador, las monjas vienen realizando los dulces más emblemáticos de esta bella localidad de la comarca de La Janda desde hace cuarenta años. Y es que fue en 1982 cuando las hermanas del convento de ‘San Cristóbal y Santa Rita’ decidieron dedicar sus esfuerzos a la elaboración de dulces para poder contar con unos ingresos que les permitiesen afrontar los gastos propios para el mantenimiento diario. Anterior a 1982, estos ingresos los obtenían de una actividad, la confección de prendas textiles, que fue decayendo.